El Benfica afina su maquinaria ante el Estoril con la mirada puesta en la llegada de Lenglet

El Benfica afina su maquinaria ante el Estoril con la mirada puesta en la llegada de Lenglet

El choque ya es historia, pero el duelo táctico entre Ian Cathro y Bruno Lage nos ha dejado bastante tela que cortar. El técnico del Estoril decidió plantarse en el césped con un 3-4-3 bastante atrevido, buscando morder arriba, mientras que Lage prefirió blindar la medular con un 4-5-1 que, sobre el papel, parecía conservador, pero que escondía bastante colmillo. Fue un partido de pizarra pura, de esos en los que los banquillos echan humo tratando de ajustar piezas sobre la marcha para rascar cualquier ventaja.

Bajo palos, J. Robles intentó sostener a los locales ante un cuadro encarnado que encomendó su portería, como viene siendo habitual, a Trubin. La zaga lisboeta formó con António Silva, Dahl, el incombustible Otamendi luciendo galones y Tomás Araújo. Una línea de cuatro que tuvo que remangarse de lo lindo frente a las embestidas del Estoril, donde Pedro Álvaro comandaba la retaguardia hasta que le tocó cederle el testigo a Gonçalo Costa en la recta final, escudado siempre por Bacher y Boma.

Donde realmente se coció el encuentro fue en la sala de máquinas. El Benfica juntó a gente de buen pie como Kökçü y Aursnes, arropados por el trabajo oscuro de Florentino Luís y los chispazos de Amdouni y Aktürkoglu por las bandas. Lage no dudó en agitar el árbol cuando el partido lo pedía, metiendo a Schjelderup y a Barreiro para darle oxígeno a un equipo que no quería sustos. Por parte del Estoril, Orellana, Zanocelo, Carvalho y Amaral se vaciaron intentando conectar con un tridente ofensivo compuesto por J. Carvalho, Begraoui y Lacximicant. Cathro también movió ficha dando entrada a Guitane y Marqués, pero la solidez visitante se mantuvo firme, con Pavlidis peleándose de espaldas con los centrales hasta que Belotti entró de refresco para oxigenar la punta de ataque.

Con el pitido final y los deberes hechos en el verde, el foco mediático saltó rápidamente de la cancha a los despachos. Y es que, viendo la exigencia que tiene el Benfica atrás para aguantar el ritmo que impone una temporada larga, la directiva ha cerrado un movimiento de mucho peso. Clément Lenglet hace las maletas y pone rumbo al fútbol portugués para sumarse al proyecto de Lage. El central francés cierra así su etapa como rojiblanco tras un paso por el Atlético de Madrid que ha dejado unos registros más que interesantes.

Lenglet aterrizó en el Metropolitano en agosto de 2024 y, a lo largo de estas dos campañas, ha llegado a vestirse de corto en 60 ocasiones. Unos números que no son moco de pavo para un zaguero, menos aún si le sumas tres dianas y tres asistencias a su casillero personal. Desde el club madrileño ya le han dedicado el protocolario comunicado agradeciendo su entrega y deseándole lo mejor, pero el verdadero runrún ahora está en Lisboa. Queda en el aire ver cómo encajará un perfil zurdo de sus características en el engranaje del Benfica y si viene para discutirle la jerarquía a los pesos pesados del vestuario.