El nuevo tablero del crudo: la resiliencia del mercado global y el papel de las energéticas

El nuevo tablero del crudo: la resiliencia del mercado global y el papel de las energéticas

Las tensiones geopolíticas de los últimos días han empujado el barril de Brent de nuevo por encima de los 80 dólares. Evidentemente, esta subida repentina ha sacudido los mercados y amenaza con encarecer los precios en los surtidores de todo el país. A pesar del ruido mediático, el panorama actual dista bastante de ser una repetición de las graves crisis energéticas del pasado. La economía estadounidense, por ejemplo, ha triplicado su tamaño en el último medio siglo. Curiosamente, su consumo de petróleo apenas ha variado durante este mismo periodo.

El fantasma de 1979 y la nueva independencia

Atrás quedan las larguísimas colas en las gasolineras que marcaron el año 1979. Aquella histórica crisis en Irán provocó un desabastecimiento tan severo que empujó a muchísimos conductores a abandonar sus enormes vehículos para pasarse a los pequeños coches japoneses. Hoy en día la dependencia del crudo extranjero es radicalmente menor. Estados Unidos se ha consolidado por méritos propios como el mayor productor de petróleo del planeta, mientras que Irán ha visto cómo su cuota de producción global caía en picado.

Toda esta nueva realidad energética le otorgó a la administración Trump un amplio margen de maniobra. Aprovechando esta ventaja estratégica, el gobierno dio pasos firmes para desestabilizar a los regímenes tanto del país persa como de Venezuela. Aunque esta ofensiva exterior provoca cierta volatilidad y presiona a la propia presidencia por el alza temporal de los carburantes, la jugada tiene otro enfoque. Tal y como explicaba Greg Ip en las páginas del Wall Street Journal, estos movimientos tienen el potencial de neutralizar a largo plazo a dos exportadores históricos que llevan generaciones enteras causando interrupciones constantes en el suministro global. Para calmar los ánimos ante el repunte de precios, la Casa Blanca intervino recientemente ofreciéndose como aseguradora de último recurso y desplegando escoltas militares para garantizar el tránsito de los petroleros en Oriente Medio.

El motor interno de la industria

Lejos de los pasillos de Washington, el día a día del sector recae sobre los hombros de enormes corporaciones que asumen el reto de mantener el suministro. Un buen termómetro de la actividad diaria lo encontramos en YPF Sociedad Anónima. Al reciente cierre de la Bolsa de Buenos Aires (a las 05:40 GMT+7), las acciones de esta empresa energética mostraban un ligero repunte del 0,49%, cotizando a 51.500,00 pesos argentinos. Tras esta leve alza diaria de 250 puntos se esconde la enorme complejidad de un modelo de negocio totalmente integrado.

Del yacimiento directo al consumidor

La operativa de estos gigantes va mucho más allá de extraer recursos del subsuelo. Firmas como YPF estructuran su trabajo en áreas muy especializadas para controlar toda la cadena de valor. El segmento de exploración y producción se encarga de buscar y extraer el gas natural y el crudo, vendiendo luego estos recursos a terceros o a otras ramas de la propia compañía. Después entra en escena la división conocida como “downstream”. Aquí es donde la empresa asume labores críticas como el refino de los materiales, su transporte y la comercialización final en el mercado. Hablamos de una maquinaria enorme que abarca productos petroquímicos, la distribución final de gas e incluso la generación de energía eléctrica. Todo este ecosistema, respaldado por un área corporativa que dirige el rumbo empresarial, permite que la industria petrolera siga funcionando a pleno rendimiento sin importar las turbulencias geopolíticas del momento.