“Un balde de agua fría”, según Mirko Macari, “debe haber significado para el laguismo, y para la figura del ex presidente Ricardo Lagos, el conjunto de encuestas que han salido, las encuestas semanales que vienen saliendo en el último tiempo”.

En su espacio de opinión “mejor no hablar de ciertas cosas” en El Mostrador, el director del mismo diario digital afirma que dichas mediciones “dan cuenta de una muy mala noticia” para la “intención” del fundador y militante del PPD “de asomarse a la carrera presidencial, de decir ‘aquí estoy’ para competir el 2017. Y la mala noticia tiene que ver con que Lagos no prende”.

“Lagos, el candidato favorito de Sanhattan, nombrado por varios prohombres del mundo empresarial, de la derecha económica, como el hombre necesario para el momento que vive el país; Lagos, el candidato del establishment político; Lagos, el líder indiscutido de la Concertación que le hizo la vida imposible a la presidenta Bachelet, resulta que está con la pólvora mojada”, asegura el periodista, quien sostiene que “la noticia es particularmente mala porque Lagos ha hecho un esfuerzo muy consistente en copar los espacios mediáticos de la élite, en copar los temas de conversación de los medios y por lo tanto en incidir en el frame que definen las encuestas”.

Según el profesional, lo anterior “quiere decir que Lagos está presente, como tema; Lagos está en el radar de las cabezas, y no lo está de manera positiva. No hay desconocimiento de la figura de Lagos. No hay desconocimiento de que Lagos está hablando de la posibilidad de volver, pero esto no está resultando”.

“Un cadáver”

A juicio de Macari, “quizá lo más llamativo de este episodio es que un connotado laguista, el ahora retador senador Alejandro Guillier, dejó los guantes blancos y está mostrando también –de alguna manera muy tímida pero decisiva– los dientes en esta carrera presidencial”.

“Ya hubo escaramuzas la semana pasada que hablan de que la imagen de Lagos es más –hoy día por lo menos– la de un cadáver, no. Y por lo tanto están viendo, quienes saben aprovechar las oportunidades políticas, que tienen que llevar alguna vela en el entierro, si es que hay algún entierro, más que ser parte de la fiesta, si es que hay una celebración”, agrega, y acto seguido explica que “el nombre de Lagos empieza a verse añejo incluso antes de que Lagos empiece a hacer lo que debería hacer en las próximas semanas, que es hablar; que es tratar de encantar y de seducir”.

“Por cierto que está abierta la posibilidad de que las audiencias, las masas, los ciudadanos empiecen a sintonizar con un eventual discurso de Lagos pero da la sensación –por lo que el propio Guillier ha tratado de mostrar– de que esta elección se va a tratar entre lo viejo y lo nuevo. Se va a tratar entre las caras tradicionales de la política y rostros emergentes que representen renovación; misma renovación que representó Michelle Bachelet allá en 2006 respecto a una Concertación que exhibía a nombres de políticos que se turnaban en las sillas musicales”.

“Se vé muy entretenido lo que viene de aquí para adelante en términos políticos porque la montaña para Lagos está cuesta arriba, pero sabemos que Lagos –a diferencia de la mayoría de los políticos– no le teme al ángulo de subida de la montaña. Y por lo tanto esperamos ansiosos a ver cuál va ser la estrategia que va a usar Lagos para intentar ir contra la corriente”, concluye.