Fernández condena saqueo de Iglesia de la Gratitud Nacional

Según el nuevo ministro del Interior, la violencia “no es un desafío represor, sino que es un desafío educativo”.

Durante este jueves, en su segundo día como ministro del Interior, Mario Fernández se dirigió hasta la iglesia de la Gratitud Nacional, ubicada en la Alameda de Santiago, donde encapuchados llevaron a cabo un saqueo que estuvo marcado por la destrucción de una figura de yeso de Jesús crucificado, la que fue sacada del templo, todo tras una masiva marcha por la educación convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech).

“Independientemente que se trate de una sede de un culto religioso, en este caso de la Iglesia Católica, lo que se ha visto en las imágenes y lo que acabamos de ver ahí es un síntoma muy preocupante de lo que algunos jóvenes al parecer están llegando a realizar en nuestro país”, aseguró el secretario de Estado, quien partió por “expresar primero la solidaridad del gobierno en este caso para los dueños de casa, el párroco de la iglesia y monseñor Ramos, obispo auxiliar de Santiago”.

El jefe de gabinete confirmó que la Intendencia Metropolitana se encuentra formulando una querella contra quienes resulten responsables. Asimismo, dijo que el jefe de seguridad y orden público de Carabineros, el general Aldo Vidal, le informó que “están en curso las investigaciones para dar con los responsables de este delito”.

“A pesar de la gravedad de la situación, yo haría la distinción que siempre hay que hacer en estos casos. Entre el derecho a manifestarse y a expresar en paz las ideas, las opiniones, y hacer uso de la libertad de expresión. Distinguir eso de actos vandálicos, que nada tienen que ver con la expresión de opiniones en nuestra democracia. Diferenciemos inmediatamente una cosa de la otra, porque no puede ser posible tampoco que este tipo de actos vandálicos restrinjan la libertad de los chilenos”, recalcó.

Fernández aprovechó esta oportunidad para delimitar su rol en el Ejecutivo, teniendo en cuenta su perfil de católico practicante y ligado al Opus Dei: “yo soy ministro del gobierno de Chile, que es un gobierno laico que respeta todas las expresiones religiosas”, dijo. Y agregó que “esto no es asunto de ser o no católico. Obviamente, como católicos, todos tenemos algún tipo de opinión, pero no estoy hablando como católico, estoy hablando como ministro del Interior de Chile y, por lo tanto, independientemente de eso, en esto debemos trabajar todos los chilenos para ir impidiendo de que en nuestra juventud se vayan extendiendo este tipo de conductas. Esto no puede ser sano. No puede ser sano en una sociedad. Ahí está el desafío nuestro. No es un desafío represor, sino que es un desafío educativo y, obviamente, tratándose de delitos, bueno, la Justicia tiene que actuar”.

“No puede ser posible tampoco que este tipo de actos vandálicos restrinjan la libertad de los chilenos”.

Ahora bien, desde un punto de vista más macro, el nuevo jefe del comité político de La Moneda apuntó a que “ha habido permanentes discusiones para perfeccionar nuestro orden jurídico, pero debemos pensar con tranquilidad que es imposible pensar que todo lo arreglan las leyes, reformando leyes”, aseguró.

“Creo que es muy necesario que nos preocupemos de nuestra educación, de los estímulos que reciben nuestros jóvenes para proceder violentamente”, concluyó Fernández, tomando así distancia de su antecesor en el cargo que ahora ostenta, el también abogado y militante DC Jorge Burgos, quien durante sus 13 meses de turbulenta y friccionada gestión se vio muy cómodo y feliz haciéndole el juego a la derecha política y su sueño húmedo de un Estado policial.

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