La receta de Fernández para una AC “impecablemente posible”

“Que el pueblo diga su palabra”, escribe el nuevo ministro del Interior en una columna en La Tercera de 2012.

No, no tenía el nivel de importancia de hoy en día. En 2012, en pleno gobierno del inversionista Sebastián Piñera, época en que más de 200 mil personas –incluidas familias completas– marchaban por la Alameda de Santiago exigiendo un nuevo sistema educacional y el fin del modelo neoliberal, demanda que tenía como respuesta una dura represión, entonces el diario La Tercera publicó una columna de opinión enviada por el abogado DC Mario Fernández, el flamante nuevo ministro del Interior.

Incluso mucho antes de que la presidenta Michelle Bachelet, entonces directora ejecutiva de ONU Mujeres, decidiera repostularse al cargo que actualmente ostenta, el ahora secretario de Estado ya escribía sobre la Asamblea Constituyente (AC), una de las vías que contempla el proceso constituyente impulsado por la mandataria y que tiene como fin el redactar una nueva Constitución Política, la que reemplazará a la actual, promulgada por el terrorista de Estado Augusto Pinochet gracias a un plebiscito fraudulento realizado en 1980; es decir, a mediados de la dictadura cívico-militar que él encabezó entre 1973 y 1990.

En el escrito difundido por el matutino de Copesa, el ministro Fernández acusa que “en medio del pánico desatado por la eventualidad de una Asamblea Constituyente, se denuncia tal proposición como una vía ‘antisistema'”.

Asimismo, consigna que “tal mecanismo se anuncia con alarma, no está previsto jurídicamente para reformar la Constitución”. Y acto seguido, escribe: “es cierto que no está previsto, pero puede estarlo”.

La receta de Fernández

¿Cómo llegar a una AC? El hoy jefe del comité político de La Moneda afirma que “es cuestión de que no más de cinco senadores o de 10 diputados lo presenten como moción, que así se acuerde por los dos tercios de ambas Cámaras y no sea vetado por el Presidente […], para que la Asamblea sea impecablemente posible. Incluso si hubiera veto presidencial y el Congreso insistiera en su proyecto, habría reforma o plebiscito para dirimir el conflicto. Todo eso, de acuerdo al capítulo XV de la Constitución hoy vigente”.

“Es cierto que no está previsto, pero puede estarlo”.

“O sea, para tener una Asamblea Constituyente basta con la voluntad política de los actuales parlamentarios. Si entre ellos existe una mayoría como la descrita, pueden dar ese paso, que significaría abdicar de su actual atribución para reformar la Constitución, pero que abriría una ancha puerta para su legitimidad”, agrega.

“De prosperar el establecimiento de una Asamblea Constituyente, sería la primera vez en nuestra historia que la Constitución resulta de un cuerpo elegido por el pueblo para ese solo efecto. Esto, sin perjuicio de su ratificación mediante un plebiscito, sujeto a todas las exigencias democráticas. Nada mal, considerando todas las críticas que cunden por doquier sobre las instituciones y sus titulares”, explica.

“Que el pueblo diga su palabra”.

El doctorado en la Universidad de Heildelberg, Alemania, entonces alerta sobre “la campaña del terror, asociando la Asamblea Constituyente con populismos autoritarios. Como si no hubiese otros casos diametralmente opuestos”, y pregunta: “¿Por qué no entregar los buenos ejemplos de Estados Unidos o Alemania? La Constitución de Filadelfia fue elaborada en 1787 por una Convención Federal conformada por 42 delegados de los entonces 13 Estados de la Unión. Así nació la más antigua de las constituciones vigentes. Con una Asamblea Constituyente. Y la Ley Fundamental alemana, por su parte, fue elaborada por una asamblea de 65 delegados de los Länder, denominada Consejo Parlamentario, que se reunió en Bonn en 1949. Así, de una Asamblea Constituyente nació un texto que ha sobrevivido a la guerra fría, a la división del país y a su compleja reunificación”.

“Si la crisis institucional del país es tan severa como se dice, su solución deberá ser de la mayor calidad, política y técnica. Y si tal camino pasa por una Asamblea Constituyente, habría que verlo: ¿por qué no? Que el pueblo diga su palabra”, concluye la columna.

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