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Su análisis radial

Macari por nueva Constitución: “Bachelet está instalada en el testimonio”

Periodista cree que presidenta repite "el modelo de derrota de la izquierda en Chile, de esa izquierda sufriente y triste".

Ayer, en el programa “No somos nada” de la radio El Conquistador, el analista político Mirko Macari se refirió al envío por parte de la presidenta Michelle Bachelet del proyecto de ley con el que, en teoría, pretende dar inicio a la discusión de una nueva Constitución en el Congreso.

A juicio del periodista, el hecho de que la iniciativa se haya firmado a días del cambio de mando, fijado para el próximo domingo, “es interesante porque resume muy bien todos los males de este Gobierno, y que están –desgraciadamente– muy sintetizados en las percepciones personales de la presidenta en su sentido profundo de la política y el quehacer político. Uno de estos factores clave es la liviandad, el amateurismo… La palabra exacta es frivolidad, la frivolidad para tomarse asuntos tan importantes como la conducción del Estado y tan absolutamente importantísimo como creo yo que es en este caso, en Chile, cambiar la Constitución por una nueva Constitución con un génesis distinto, eso es muy importante”.

Desde el punto de vista sistémico

Igualmente, Macari afirmó que “la clave para entender a la presidenta y a su generación, a su generación política, a esa izquierda, es la derrota y el testimonio”. En la misma línea, el proyecto de Bachelet “es un acto testimonial, porque en ese mundo la única posibilidad de salir de la derrota es el testimonio: ‘Como el mundo no se puede cambiar hay dos alternativas, o yo lo administro y me adapto a él’, eso hace la Concertación, ‘o yo intento cambiarlo sabiendo que voy a fracasar y entonces dejo mi testimonio’. Y eso está basado en la experiencia de Allende”.

“A esa generación de la izquierda política, particularmente a Michelle Bachelet, la marca como un karma la experiencia de la Unidad Popular. Qué es eso, es una experiencia de un tremendo espíritu transformador y de cambio, etcétera, que termina en un desastre. Y desastre porque abre la puerta –justamente– a la contrareacción, a la contrareacción que significan los 17 años de la dictadura militar, que efectivamente es el espacio donde las fuerzas del status quo instalan un proyecto para que las cosas no cambien más en Chile”, agregó, aclarando que “lo digo desde la experiencia de esa generación de izquierda”.

“Esto es lo mismo. Lo de la Unidad Popular fue una tragedia y esto es una farsa, una comedia porque no hay nada dramático jugado acá”, dijo el analista, quien apuntó a que en 2014 “la presidenta Bachelet asume con tres reformas fundamentales, que son sus tres reformas: la nueva Constitución, la reforma educacional –que era la demanda central del movimiento estudiantil– y una tributaria para financiar la educacional, eso era. Y la reforma constitucional tenía que ver con el diagnóstico instalado a fines del pasado Gobierno de Piñera de que todos los cambios que se querían hacer tenían que ver con una cuestión sistémica, que se había construido jurídica y políticamente un cerco, un marco ideológico para este país donde las soluciones a los problemas públicos son privadas”.

“Entonces, había que construir algo distinto al modelo neoliberal y eso requería dotar de un marco jurídico distinto; sí, era muy urgente una nueva Constitución. Ahora, no cualquier tipo de Constitución. Ésta tenía que ser una Constitución distinta en su origen, es decir, en la forma. Nunca en la historia de Chile las masas, el pueblo ha participado en la elaboración de una Constitución y por primera vez se habló de la asamblea constituyente. Bueno, ese hablar de la asamblea constituyente, de levantar esa bandera, despertó los miedos de los sectores más reaccionarios, el pánico, y empezó la campaña para echar abajo esto”, indicó.

“Y la presidenta, por distintas circunstancias, rápidamente se enredó e hipotecó esta necesidad urgente de un cambio constitucional, que no significaba que al final de estos cuatro años hubiera una nueva Constitución, pero sí que se iniciara un proceso que en el origen fuera legítimo. Y legítimo en estos tiempos es que todos los ciudadanos participen de alguna forma en la elaboración de la Constitución, porque eso está en el derecho constitucional comparado, porque esa es la tradición de las democracias sólidas y efectivas”, sostuvo.

La izquierda triste

Macari también recordó que “Chile y el resto de los países de América Latina venimos de tradiciones de control oligárquico” que consiste en que “distintos grupos, no sé, que controlan el dinero o camarillas políticas son los que administran el poder” y con el cambio de la Constitución “se abría la posibilidad de que otros entraran a los espacios de poder”. Esto, teniendo en cuenta que “hemos visto, a partir del tema de financiamiento irregular, que son las empresas las que dictan las reglas de la política, no son los pescadores de Arauco, no son las asociaciones de trabajadoras de casas particulares, no son las temporeras… No. Hay una exclusión de la repartición del poder, del proceso de toma de decisiones. A la gente solo se le pide un voto cada cuatro años, y lo que pasa entre medio no se sabe o se avizora muy a lo lejos”.

Luego, sobre la frustración por el saludo a la bandera que habría sido el proceso constituyente, insistió: “Ante el fracaso de Bachelet la salida es el testimonio, para que tenga una salida digna. Es lo mismo que pasa con Allende, la comparación hay que entenderla en un contexto: qué es lo que hace Allende después de un gobierno desastroso que termina entregándole el país al sector más reaccionario y ocurren los crímenes y todo… Se suicida. Y con ese suicidio él queda en la historia, porque es un acto digno desde el punto de vista individual y personal para darle estatura a la Presidencia, a la institución presidencial”.

Por su parte, Bachelet sigue dicho camino: “Está instalada en el testimonio ante la derrota”, sentenció el analista.

Por último, Macari remarcó que iniciar el trámite de nueva Constitución a días de dejar La Moneda “es el testimonio, es entender la política como testimonio, crees que con mandar el proyecto a cinco días de terminar tu Gobierno cumples. Y en su imaginario”, el de Bachelet, “es repetir el modelo de derrota de la izquierda en Chile, de esa izquierda, de esos sectores que buscan transformaciones o cambios porque es una suerte de guión preescrito… ‘Son tan poderosas las fuerzas que enfrentamos que vamos a perder, pero lo vamos a intentar’. Entonces queda la foto para la posteridad, ‘y que se recuerde que nosotros…’. Bueno, esa es la memoria. Toda esa izquierda es sufriente y es triste, lo único que recuerda son muertos y derrotas. Eso te marca y te pesa como cultura política”.