Adoctrinamiento para “todes”: FA quiere “educación no sexista” desde parvularia

Bloque opositor apunta a "hacerse cargo" hasta de "prácticas institucionales y/o personales que no son parte del currículum oficial".

En la Sala de la Cámara, con 63 votos a favor –que incluso vienen de la UDI– y 30 abstenciones, hoy fue aprobado un proyecto de resolución impulsado por el Frente Amplio en el que se pide al presidente Sebastián Piñera que “instruya el diseño de un Plan Nacional de Educación No Sexista en todos los establecimientos educacionales del país, desde la educación parvularia hasta la educación superior”.

El proyecto agrega que dicho Plan “debe estar orientado a modificar las metodologías de enseñanza y evaluación que sean necesarias, reorientar las mallas curriculares, incentivos igualitariamente en cada una de las materias y actividades curriculares y extracurriculares, incluir materias de género en la formación y la capacitación docente, apuntar a la paridad en la cantidad de profesores y profesoras así como en los cargos directivos de los establecimientos, y, además, hacerse cargo de las distintas prácticas institucionales y/o personales que no son parte del currículum oficial pero que favorecen a niños sobre niñas”.

Todo lo anterior, “con el objetivo de avanzar decididamente hacia la erradicación de la violencia hacia las mujeres de nuestro sistema educativo, promoviendo una sociedad de respeto e igualdad de derechos. En su formulación deberán considerarse las propuestas de las organizaciones sociales pertinentes y el trabajo que del Congreso pudiera emanar, de modo que sea representada toda la diversidad social”.

El proyecto fue presentado por los diputados RD Giorgio Jackson y Miguel Crispi, quienes aparecen como autores junto a sus pares Pablo Vidal, Maite Orsini (pareja de Crispi), Natalia Castillo y Catalina Pérez. También firmó Gabriel Boric, del MA; Pamela Jiles, del PH; Claudia Mix, de Poder; y Camila Rojas, de la IA.

Argumentación

La iniciativa se presenta considerando “el contexto general de movilizaciones de las mujeres en Chile, quienes se han manifestado por el fin de la violencia machista en distintos ámbitos sociales y diversos momentos de la vida: el trabajo, la familia, la salud, la vida sexual, las pensiones, Jos estudios. Este movimiento se gatilla a partir de una serie de casos de acoso sexual en contextos académicos universitarios que se caracterizan, entre otros elementos, por el secretismo, el encubrimiento, y, en definitiva, por la impunidad de los acosadores”, dice el proyecto parlamentario.

Y se suman “las disparidades en base al sistema sexo-género en materia educativa no terminan ahí. A modo de ejemplo, el año 2017 los puntajes de la PSU reflejan en buena parte lo que se ha denominado como el ‘”currículum oculto’ de la educación chilena. Así es como en matemáticas solo hubo 16% de puntajes nacionales femeninos; en Ciencias Sociales un 7%; en Ciencias un 10%; siendo Lenguaje la (misma prueba en la que las mujeres superaron a los hombres, con un 56% del total de los puntajes nacionales. Esto muestra que hay un sesgo en los métodos evaluativos a los que son sometidos indistintamente hombres y mujeres y que favorecen a los primeros a la hora de postular al sistema de educación superior”.

Además, “la educación no se trata solo de evaluaciones y procesos de selección, sino que también, y sobre todo, de formación de ciudadanos y ciudadanas. Es en este aspecto donde el enfoque de los procesos de enseñanza de la educación chilena resultan más cuestionables. Los contenidos con los cuales se estimula el aprendizaje de las y los estudiantes de educación escolar tiene como principales protagonistas a los hombres en la historia nacional y universal, en la ciencia y en lenguaje. En el contexto extracurricular, la misma critica puede realizarse respecto de las actividades de esparcimiento que suelen fomentar una participación masculina en los juegos físicos recreativos. Todas estas discriminaciones perpetúan e incentivan los roles de género que asigna la cultura a hombres y mujeres, y que como se ha indicado hasta ahora, son la base de todo tipo de violencias y discriminaciones machistas avaladas socialmente”.

“Es por lo que, sin desconocer los avances legislativos del último tiempo, resulta esencial reconocer la dimensión político-cultural del problema del machismo, profundamente arraigada en nuestras prácticas y tradiciones más cotidianas. Por ello, más allá de la necesidad y urgencia de las materias discutidas en el último tiempo en relación con la violencia hacia las mujeres, estas son medidas que seguirán atacando solamente los efectos del problema, mas no sus causas más profundas, las que, como sostenemos, están arraigadas en la cultura, economía y política y deben ser tratadas de manera conforme. La única manera de hacemos cargo de la dimensión estructural del machismo es con un profundo cambio cultural, social y económico, que se incentive a través de la formación de ciudadanos y ciudadanas en la lógica de una Educación No Sexista”, concluye.