Es hora de que el presidente intervenga Carabineros

En un hecho inédito en los 28 años que llevamos de democracia, este jueves el presidente Sebastián Piñera confirmó la decisión de destituir al general Hermes Soto, a quien nombró en la dirección de Carabineros hace tan solo nueve meses. La única forma de concretar esta salida es recurriendo, por primera vez, a una facultad creada con la reforma constitucional de 2005. Esa facultad es parte del Artículo 104 del Capítulo XI de la Constitución, donde se establece que el jefe de Estado “mediante decreto fundado e informando previamente a la Cámara de Diputados y al Senado, podrá llamar a retiro a los comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea y al general director de Carabineros”, todos inamovibles, “en su caso, antes de completar su respectivo período”.

La determinación de sacar al general Soto de su cargo se conoce luego de que el Centro de Investigación Periodística (Ciper) difundiera en exclusiva tres de los videos grabados por los integrantes del Gope que participaron en el operativo que le habría costado la vida al comunero mapuche Camilo Catrillanca, de 24 años. La clave aquí es que esos registros no estaban en conocimiento ni del general Soto, ni del Gobierno y tampoco de la Fiscalía.

Lo anterior solo habla del descontrol total al interior de Carabineros, escenario que comenzó a destaparse con el fraude que bordea los $30 mil millones de pesos, a lo que se sumó la operación Huracán, dos escándalos que explotaron durante la administración anterior, de la presidente Michelle Bachelet, y ante los cuales la autoridad política, es decir, el poder civil, no hizo absolutamente nada. Para entonces ya era necesario llevar a cabo no un cambio del alto mando –lo que tuvo lugar después del 11 de marzo, y los resultados están a la vista–, sino algo de fondo: intervenir, tomar de una vez por todas el control de Carabineros en un contexto en el que, como ha quedado en evidencia, no podrán ser los propios carabineros quienes frenen la caída de esa institución policial por el precipicio.

El presidente Piñera todavía tiene entre sus manos realizar dicha intervención. Esa hora de que la haga, ya que la solución para la crisis de Carabineros no pasa por un cambio de nombres porque el problema es mucho más profundo, extremadamente delicado y para ponerle fin se requiere el liderazgo que corresponde, el civil. Pero si el mandatario opta por el cambio de nombres, entonces lo que podría pasar en un futuro cercano –y esto no debería sorprender a nadie– es que haya otro caso Catrillanca, ¿y ahí cuál será la reacción desde el Ejecutivo? ¿Descabezar otra vez Carabineros?