Salida del pacto migratorio de la ONU, un paso en la dirección correcta

El Gobierno finalmente recapacitó y este fin de semana, a última hora, decidió retirar a Chile del pacto migratorio que impulsa Naciones Unidas y que entre esta jornada y mañana, en una conferencia realizada en Marruecos, será adoptado por el país que quiera hacerlo. Menos mal que el nuestro –al igual que Estados Unidos, Australia y otros– ya no es parte del grupo que se pondrá la soga al cuello.

La decisión de la administración del Sr. Piñera en cierta medida era esperable pues habría sido inaceptable e impresentable que un Gobierno que supuestamente es de derecha entregara lo que nos queda de soberanía a la pandilla de burócratas izquierdistas elegidos por nadie enquistados en la ONU, quizá la principal burocracia centralizada y globalista que hace y deshace con total impunidad.

Ahora bien, aún no hay que celebrar. La salida de Chile del pacto es solo un paso en la dirección correcta; falta que el Gobierno refrende su posición –que es muy popular, por cierto– rechazando la iniciativa en la votación que deben realizar individualmente los países la próxima semana en la Asamblea General de Naciones Unidas (Nueva York, Estados Unidos).

La izquierda

Lo que sí era completamente previsible es la postura que la izquierda chilena ha tenido frente a la decisión del Gobierno. Y es que desde ese sector incluso se ha acusado “racismo” y han lanzado todas las palabras terminadas en “-ismo” para atacar. Pero claro, esa misma izquierda es la que habla sin pudor alguno de “autodeterminación de los pueblos” para defender a los regímenes izquierdistas, sobre todo a las dictaduras comunistas del continente (Cuba y Venezuela), y por ende a sus sistemáticas decisiones de atropellar los derechos humanos de las millones de personas a las que someten.

La patética pataleta de la izquierda chilena también se fundamenta en que en todo el mundo la izquierda se derrumba sin freno. En ese escenario, a ésta solo le queda aferrarse a burocracias como la ONU para tratar de imponer su basura ideológica a todos los países, una estrategia que se resquebraja.