Editorial

Más allá de las AFP

Tras la posterior –y masiva– marcha nacional por el fin de las AFP, el tema ha vuelto a la agenda. Por eso aprovecho de plantear varios puntos que son muy importante de asumir como base del cambio de la cruel realidad que –sin importar sus creencias, niveles socioeconómicos y un largo etcétera– enfrentan los “clientes” de las Administradoras de Fondos de Pensiones que, en el papel, se ¿”jubilaron”? o lo harán a través de esas empresas.

En primer lugar, es el momento preciso para que el movimiento “No+AFP” deje eso, el “No+AFP”, de lado ya que se desgastó, y porque es solo la punta del iceberg. En la misma línea, el siguiente paso –y uno de los más importantes– es poner el foco en el fondo; es decir, el “mercado de capitales” que hay detrás de las AFP, explicado al mismo tiempo que ellas son una fachada para el tráfico de miles de millones de dólares que, solo como ejemplo, los bancos usan para obtener ganancias. Esto, al prestarle a los cotizantes de las AFP su propio dinero junto a intereses, muchas veces, por lo bajo al borde de la usura.

En síntesis, aclarando que las AFP fueron establecidas –por una razón obvia, en plena dictadura– para financiar a Sanhattan, al 1% más rico, grupo pequeño que de esta manera ha lucrado desenfrenadamente con el dinero entregado mes a mes por los trabajadores, quienes después de su periodo de actividad están condenados a recibir un monto de retiro miserable debido a que éste y el pago son accesorios. Entonces, aquí no hay nada que “mejorar” porque se cumple con el objetivo, que no es la previsión ni menos la seguridad social. Las AFP no son ni tienen nada, nada que ver con un sistema de pensiones. Si es por seriedad, todo parte por ahí.

Y sí, los medios de comunicación son un tópico relevante, clave. Por ello –y dentro de una estrategia, ahora carente– el movimiento social debería expresarse en espacios masivos, sean o no tradicionales, dejando así de concurrir –entre otros– a los canales de televisión de noticias por cable, cuyas audiencias objetivas no son precisamente la mayoría de la población del país.

Las AFP no son ni tienen nada, nada que ver con un sistema de pensiones. Si es por seriedad, todo parte por ahí.

En lo relativo a lo previo, agrego: no hay que participar en cualquier instancia que aborde el “cómo mejorar las pensiones” siempre manteniendo las Administradoras, una de varias cortinas de humo a evitar. Igualmente si, además, intervienen los tentáculos de los intereses creados detrás de las AFP, especialmente esos que operan con la máscara del tipo “experto en…”, quizá la con mayor uso.

Es hora de entender que la primera marcha nacional –de julio de 2016– en contra de las AFP marcó el fin sin retorno de éstas, por lo que seguir dialogando latamente respecto a qué modificar de ellas, reflotándolas gracias al pretexto de reformarlas parcialmente para, como consigné arriba, “mejorar las pensiones”, no solo persigue una gran pérdida de tiempo político, ya bastante valioso por lo escaso. No, es también una manera de instalar la idea de que para llegar a dicho supuesto no hay otra vía que no sea “perfeccionar” al sistema en general, lo que implica revestirlo –y por ende, a las AFP y más allá– de un poco, aunque sea artificial, de la legitimidad política que nunca jamás ha tenido y dudo vaya a poseer.

Por otro lado “No+AFP” debe ser indiferente en algún grado ante la existencia de las Administradoras, las que se mantendrán en pie únicamente si cuentan con un cierto número de “clientes”. En ese sentido, las propuestas del movimiento social tienen que apuntar a construir un sistema público de pensiones paralelo a las AFP, con plena autonomía del Gobierno de turno, al cual la ciudadanía decida libremente si accede. No hay que olvidar que habrá gente que optará por dejar sus recursos en una AFP, decisión que se respetará y de ese modo al menos no se validará la verosimilitud del discurso de “expropiación” y similares que con toda seguridad se verán, escucharán y leerán una, otra y otra vez.

Es hora de entender que la primera marcha nacional –de julio de 2016– en contra de las AFP marcó el fin sin retorno de éstas, por lo que seguir dialogando latamente respecto a qué modificar de ellas, reflotándolas gracias al pretexto de reformarlas parcialmente para, como consigné arriba, “mejorar las pensiones”, no solo persigue una gran pérdida de tiempo político, ya bastante valioso por lo escaso.

Eso sí, en uno u otro caso se hace necesaria la voluntad de poder. Cualquier cambio da pie a peticiones de arbitraje y/o acciones judiciales –en las que normalmente se exigen indemnizaciones por cifras astronómicas– por parte de los dueños de las Administradoras en contra del Estado, tanto en Chile como en el extranjero. Este posible escenario se amplía al considerar que las principales AFP, las que manejan más dinero, están basadas en los Estados Unidos del presidente Donald Trump.