“Entregar este resultado a la humanidad es sencillamente un sueño hecho realidad. Los datos que manejamos nos dejan la puerta abierta para que en siguientes investigaciones busquemos trazos de agua líquida. Si eso ocurriera, la posibilidad de hallar vida se acercaría aún más”.

Así de claras fueron las conclusiones de James Jenkins, integrante del equipo científico internacional que confirmó la existencia del planeta y quien además de astrónomo de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, es investigador del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) del mismo plantel estatal.

El hallazgo –publicado en Nature– se realizó en el marco de la campaña Pale Red Dot (Punto rojo pálido) del Observatorio Europeo Austral (ESO), que puso literalmente el foco de la astronomía durante todo el primer semestre en Próxima Centuri, la estrella más cercana a la Tierra, iniciativa que además pudo ser seguida por gente de todo el mundo en línea.

 Las primeras señales de un posible planeta se vieron en 2013, pero la detección no era convincente, algo que se logró ahora con la iniciativa Red Pale DOT | U. de Chile
Las primeras señales de un posible planeta se vieron en 2013, pero la detección no era convincente, algo que se logró ahora con Pale Red Dot | U. de Chile

Un nuevo mundo (posiblemente habitado)

Este planeta, tan intensamente buscado por los científicos, orbita a su fría y roja estrella anfitriona cada 11 días y tiene una temperatura que permitiría la existencia de agua líquida en su superficie. “Próxima b”, al igual que nuestro planeta, es de características rocosas y un poco más grande que la Tierra, exactamente tiene un 30 por ciento más de volumen.

Por su parte, Próxima Centauri, la estrella a la que órbita “Próxima b”, es muy débil para poder ser detectada a simple vista y se encuentra cerca de un par de estrellas mucho más brillantes, conocidas como Alfa Centauri AB.

Próxima Centauri | U. de Chile

Durante el primer semestre de este año, Próxima Centauri fue observada con regularidad con el espectrógrafo HARPS, instalado en el telescopio de 3,6 metros ESO en el Observatorio La Silla, ubicado en la región de Coquimbo y monitoreada simultáneamente con otros telescopios de todo el mundo. Esto formó parte de la campaña de datos abiertos Pale Red Dot, en la que un equipo de astrónomos, dirigido por Guillem Anglada-Escudé, de la Universidad Queen Mary de Londres (Inglaterra), buscaba el pequeño bamboleo que, por la fuerza de la gravedad, denotaría que dicha estrella era orbitada por un planeta, algo que finalmente ocurrió.

Guillem Anglada-Escudé explicó el trasfondo de esta búsqueda única. “Las primeras señales de un posible planeta se vieron en 2013, pero la detección no era convincente. Desde entonces, trabajamos duro para obtener más observaciones con la ayuda de ESO y de otras instituciones”, detalló.

Próximas acciones a seguir

“El siguiente paso será ‘cazar’ el tránsito del planeta, esto es cuando estos mundos pasan frente de las estrella lo que nos permitirá medir el cambio de luminosidad de la estrella, ya que el planeta bloquea una parte de la luz. Con ello podremos saber si el planeta es más rocoso o si tiene un gran atmósfera”, explicó el profesor Jenkins.

Por su parte, Anglada-Escudé concluyó que “se han encontrado muchos exoplanetas y van a descubrirse aún más, pero buscar el potencial análogo de la Tierra más cercano y conseguirlo ha sido la experiencia de toda una vida para todos nosotros. Historias y esfuerzos de muchas personas convergen en este descubrimiento. El resultado es también un homenaje a todos ellos. El siguiente paso es la búsqueda de vida en Próxima b…”.